martes, 26 de enero de 2010

La función evolutiva del apéndice


En muchos textos puede encontrarse la afirmación de que el apéndice vermiforme o cecal no tiene función conocida y que se trata de un vestigio de cuando era necesario digerir celulosa. Una investigación llevada a cabo por un equipo de investigadores encabezados por H.F. Smith de la Universidad de Arizona en Phoenix (EE.UU.) afirma, sin embargo, que el apéndice es un órgano especializado en albergar bacterias simbióticas esenciales para la salud. El estudio, basado en una comparativa anatómica y filogenética, se ha publicado en el Journal of Evolutionary Biology.

Para los humanos, la utilidad de tener un apéndice parece despreciable y, dada la prevalencia de la apendicitis, tener apéndice podría considerarse hasta peligroso. Este accesorio del intestino ha sido considerado durante mucho tiempo un vestigio de la época en la que los homínidos comían una alta proporción de vegetales que necesitaban una fermentación antes de poder ser digeridos. Más recientemente se ha propuesto que el apéndice juega un papel en el mantenimiento, mediado por el sistema inmune, de bacterias simbióticas en el intestino.

Efectivamente, el mejor conocimiento adquirido recientemente sobre la inmunidad en el intestino apunta a que la función aparente del apéndice en los mamíferos sería la de refugio de los microbios simbióticos del intestino, preservando la flora durante los momentos de infección gastrointestinal. Esta función favorecería la evolución y mantenimiento del apéndice, y esta es la idea que Smith et ál. intentan probar en su estudio en el que analizan la evolución del apéndice en los mamíferos.

El análisis anatómico comparativo llevado a cabo por el equipo de investigadores revela la presencia de tres morfotipos (variantes) de apéndice en los mamíferos, así como estructuras parecidas a apéndices en algunas especies que carecen de un apéndice verdadero. Los análisis cladísticos indican, por otra parte, que el apéndice ha evolucionado independientemente al menos dos veces: al menos una vez en los marsupiales diprodontes (canguros, koalas, etc.) y al menos otra en los Euarchontoglires (lo que incluye a los primates). No sólo eso, el apéndice además tiene una marcada señal filogenética en su distribución y ha sido mantenido en la evolución de los mamíferos durante, por lo menos, 80 millones de años. Todos estos datos indican que el apéndice cumple una función.

La diarrea era un peligro habitual durante la evolución de la humanidad. Dado que la apertura del apéndice es estrecha, puede escapar de la colonización por patógenos bacterianos. La reconstitución de las colonias de bacterias simbiontes, lo que conocemos como flora intestinal, después de una diarrea se produciría rápidamente a través de las poblaciones refugiadas en el apéndice. Por tanto, lejos de ser inútil, la selección positiva habría demostrado la utilidad del apéndice actuando para mantenerlo.