viernes 27 de noviembre de 2009

Un test sanguíneo para la detección precoz del Alzheimer, disponible en 2010

Araclon Biotech, compañía española dedicada al desarrollo de herramientas de diagnóstico y tratamiento del Alzheimer, ha presentado el nuevo 'ABtest', un kit cuantificador de la proteína beta amiloide 40 y 42 capaz de detectar el Alzheimer en los primeros estadios de la enfermedad, que sólo en España afecta a más de 150.000 personas.

Hasta ahora, el único método de diagnóstico para determinar si un paciente padece Alzheimer son los test cognitivos realizados por el neurólogo y la medición del nivel de proteínas beta amiloides (asociadas a la formación de placas y ovillos en el cerebro que provocan la neurodegeneración) a través de una punción lumbar.

Sin embargo, los test cognitivos tienen un sesgo subjetivo (su resultados dependen de la interpretación del médico, el estado de ánimo del paciente y su nivel cultural, entre otros) y la punción lumbar "no es una prueba diagnóstica que tenga una aceptación a gran escala", explicaron los responsables del proyecto, que cuenta con la colaboración del Grupo Viamed Salud.

En este sentido, el 'ABtest' sólo necesita una muestra de sangre del paciente para discriminar con "un alto nivel de sensibilidad y especificidad" los individuos sanos, respecto a los que presentan deterioro cognitivo leve y enfermedad de Alzheimer, "con más de un 90 por ciento de fiabilidad y en tan sólo una semana", aseguró la directora general de Araclon, Pilar de la Huerta.

El 'ABtest' "promete ser una revolución en el mundo sanitario y de la investigación" de esta enfermedad, ya que, en la actualidad, el Alzheimer sólo se puede diagnosticar con seguridad 'post mortem' o en estadios muy avanzados, cuando el deterioro cognitivo es prácticamente irreversible. Mientras que, si los próximos ensayos confirman su eficacia, en unos pocos años se podrá generalizar el diagnóstico de la enfermedad en estadios tempranos gracias a este test.

Además, esta herramienta ayudará al desarrollo de nuevas y eficaces terapias puesto que hará posible la realización de ensayos clínicos con individuos que se encuentran en un estadio pre-Alzheimer. Es decir, "se podrá reclutar individuos en un estadio inicial, sin síntomas de demencia, población objetivo para probar la eficacia de cualquier posible tratamiento", comentó la directora general de Araclon.

NUEVOS ENSAYOS EN 2010

"Los resultados son contundentes" aseguró. El primer estudio piloto realizado con más de 40 pacientes demostró que el 'ABtest' es capaz de medir el beta amiloide que se encuentra en la totalidad del 'pool' sanguíneo del individuo (no sólo el libre de plasma, sino también el que está unido a otros componentes del plasma, células y proteínas), con un nivel "muy bajo" de detección.

Esto permite encontrar diferencias significativas entre los niveles de individuos sanos respecto a los enfermos de Alzheimer y a los que tienen deterioro cognitivo leve, lo que permite confirmar con total seguridad si una persona tiene Alzheimer aun cuando los síntomas son "prácticamente indetectables", o padece alguna otra enfermedad.

El test, que tendrá un precio aproximado para los laboratorios de entre 70 y 110 euros cuando se estabilicen las ventas, tendrá un 'target' definido y estará destinado a realizar un diagnóstico precoz en personas de entre 65 y 75 años, donde más fuerte es la incidencia del Alzheimer (el 5% de las personas mayores de 65 años y el 25% de los mayores de 85 lo padecen).

A este respecto, Araclon espera obtener en los próximos meses el certificado de calidad de la Unión Europea para la comercialización del 'ABtest' y tiene previsto comenzar en enero de 2010 el reclutamiento de pacientes para un estudio con cerca de 300 participantes que ayudará a determinar la eficacia del test a largo plazo, por franjas de edades y según los estadios de la enfermedad.

jueves 26 de noviembre de 2009

¿Es factible enviar una expedición tripulada a Marte?


Ahora que se ha cumplido el 40 aniversario del primer viaje a la Luna algunos sueñan con la vuelta a la misma o el viaje a Marte. Pero ir a Marte con la actual tecnología consiste en torturar a unos astronautas durante un viaje de muchos meses en un lugar pequeño, cerrado y sin gravedad. Encima habría que someterlos a una fuerte irradiación al estar fuera de la protección del escudo magnético de la Tierra. Si durante el viaje hay una tormenta solar entonces llegarán muertos a su destino. Si sobreviven, una vez que lleguen tendrán que hacerse nuevamente al influjo de la gravedad y trabajar sobre la superficie marciana con los huesos descalcificados. Además, puede que tengan que esperar casi un año allí hasta que las posiciones orbitales de a Tierra y Marte sean otra vez propicias. Luego les quedaría el viaje de vuelta.


Un motor cohete funciona de una manera sencilla. Por la tobera de escape expulsa gas a gran velocidad, por el efecto de acción y reacción el cohete se desplaza en dirección contraria. La velocidad del cohete depende de la velocidad de los gases que expulsa y la velocidad de estos depende de su temperatura. A mayor temperatura mayor velocidad. El rendimiento dependerá del peso del combustible y del oxidante, y de la energía que liberen éstos al reaccionar químicamente entre ellos. Para facilitar las cosas los cohetes tienen varias etapas en las que se deshacen del peso que supone los depósitos de propergoles y los motores asociados a ellos ya usados.


Para ir a Marte se necesitan muchas provisiones y mucho combustible que hay que colocar en órbita terrestre baja.
El coste total de un viaje a Marte sería carísimo, no sólo por los costes de desarrollo, sino por la gran cantidad de materiales que habría que colocar en órbita alrededor de la Tierra para montar allí la misión. Algunos expertos han propuesto ahorrar peso mediante la fabricación de combustible (concretamente oxígeno y metano) a partir de los materiales que se puedan encontrar en la superficie marciana, pero esto es un poco arriesgado si el sistema falla.
En resumen, no es nada fácil ir al planeta rojo. No es de extrañar que de momento ese viaje haya quedado relegado, sobre todo porque, aparte de la epopeya que significaría ese viaje, no hay gran cosa que hacer por allí.


Por todas estas razones hay expertos que piensan en tecnología alternativas que con menos combustible y gasto nos permitan un viaje rápido a Marte. Desde hace décadas se viene pensando en tecnologías alternativas, pero las políticas conservadoras de las agencias espaciales no las han fomentado o desarrollado.

Es justo ahora cuando tímidamente empiezan a dar cierto impulso a algunas alternativas. Así por ejemplo la sonda de la NASA Dawn, en ruta hacia el asteroide Vesta y el planeta enano Ceres, emplea un motor iónico. En ese tipo de motores se ioniza un gas y se acelera por campos electromagnéticos a gran velocidad, mucha mayor velocidad de la que se conseguiría por medios químicos. El sistema se alimenta con energía eléctrica procedente de paneles solares y necesita poca cantidad de gas. La idea original de la propulsión iónica tiene más de 40 años.
El empuje es escaso y proporciona una aceleración muy pequeña, pero ésta se puede mantener durante largos periodos de tiempo, incluso años, alcanzándose grandes velocidades al final de ese periodo. Ya se ensayó este sistema en la sonda Deep Space de la NASA hace tiempo con cierto éxito. Pero sólo se puede emplear este sistema en las condiciones de vacío e ingravidez del espacio, pues en tierra es incapaz de vender la aceleración de la gravedad terrestre.
Se podría emplear varios de estos motores en formación para conseguir mayor aceleración, pero la alimentación requerida debe de ser nuclear. Había un proyecto de este tipo de una sonda no tripulada a Europa (luna de Júpiter) que finalmente fue cancelado.

Hay una alternativa mucho más poderosa que permitiría viajes tripulados, incluso un viaje tripulado a Marte que podría realizarse en sólo 39 días.
Un motor tipo VASIMR (Variable Specific Impulse Magnetoplasma Rocket) lleva al extremo el concepto de calentar una gas y expulsarlo por una tobera. En lugar de utilizar una reacción química para calentarlo se utilizan sistemas electromagnéticos. Pero para conseguir mayor velocidad en los gases se necesita mayor temperatura y a esas temperaturas el gas se transforma en un plasma (una mezcla de iones y de electrones libres).


En una cámara magnética, similar a las empleadas en los sistemas de fusión nuclear, se calienta un gas (argón) mediante un generador de frecuencias de radio y finalmente se le deja escapar por una tobera también magnética. Al igual que el motor iónico, el empuje no es muy grande, pero puede mantenerse durante mucho tiempo. Lo interesante es que además se puede variar el empuje expulsando más o menos gas.
La compañía Ad Astra Rocket Company, fundada por el ex-astronauta Franklin Chang-Diaz en 2005, ya ha cosechado ciertos éxitos en este tipo de motores. Recientemente ha dado a conocer algunos de sus logros (ver enlaces).
Este tipo de motor podría emplearse para un viaje desde la órbita terrestre a la órbita marciana a gran velocidad usándolo en modo eficiente: poco plasma expulsado pero a un millón de grados de temperatura. De este modo no hace falta mucho gas propulsor ahorrándose mucho peso.


No hace falta decir que todo el plasma está controlado (confinado y expulsado) por campos magnéticos, pues si toca cualquier material su temperatura lo haría volatilizarse.
Jared Squire, director de investigación de Ad Astra, afirma que el motor que han desarrollado es la fuente superconductora de plasma más poderosa nunca construida.
De momento han ensayado el motor a una potencia de 50 kilovatios, pero pronto esperan subir esta potencia a 200 kilovatios, que proporcionaría un empuje de 5 newtons. En el espacio sería suficiente como para impulsar 2 toneladas de carga.

Ad Astra y NASA tiene un acuerdo para probar el sistema en la estación espacial para 2012 ó 2013. Si tiene éxito podría servir para mantener la estación en su órbita correcta de forma económica, ya que la fricción con las capas altas de la atmósfera la hace caer poco a poco.
Alimentado con energía solar este sistema podría servir para subir satélites hasta sus órbitas correctas, llevar carga a la Luna o incluso desviar asteroides peligrosos en rumbo de colisión con la Tierra.


Para viajar a Marte en 39 días se necesitaría 1000 veces más energía, energía que sólo podría proporcionarla un reactor nuclear. Algo que a los ecologistas radicales seguro que no les gusta nada. El sueño sería utilizar un plasma de fusión nuclear que a la vez produjera la energía necesaria sin necesidad de alimentación externa.
Estos sistemas podrían hacer de "autobus" reusable entre la Tierra y la Luna o entre la Tierra y Marte, por lo que a largo plazo saldrían baratos. Pero el cuello de botella (además del coste de desarrollo) sigue siendo colocar cargas en órbita terrestre baja o LEO. Un lanzador pesado es imprescindible y de momento no contamos con él, hasta que se desarrolle el Ares (unos pocos vuelos del Saturno V hubiera bastando para construir la estación espacial a un precio mucho más bajo).


Pero si queremos hacer de la presencia humana algo más asequible necesitamos de otros sistemas más baratos de colocar carga y astronautas en LEO. Al comienzo de la carrera espacial había en liza dos estrategias: la del avión espacial y la del cohete. Finalmente ganó la fuerza bruta del cohete, entre otras cosas porque era la más rápida en desarrollar. Pero ahora se mira con buenos ojos el concepto de avión espacial. Entre sus ventajas está la no necesidad de una compleja instalación en tierra (bastaría con una pista de despegue) la posibilidad de reusarse y la de ayudarse de alas para el despegue y aterrizaje.
Para alcanzar la órbita terrestre hace falta una velocidad de 25 veces la del sonido o 25 Mach, velocidad nada fácil de alcanzar. Una manera es la de crear una avión con un motor cohete convencional pero para alcanzar esa velocidad necesitaría gran cantidad de combustible y oxigeno líquido que le haría de una tamaño descomunal. Una opción es montarlo encima o debajo de otro avión y cuando esté a gran altura encender el cohete para volar libremente. Pero alcanzar la órbita con este concepto no sale barato, y es la razón de que ahora se jubile a la lanzadera espacial, además de por razones de seguridad.


El 85% del peso de un cohete químico viene determinado por el oxígeno líquido que se utiliza de oxidante, pero en la atmósfera hay mucho oxígeno, se podría utilizar un motor a reacción que utilizase precisamente ese oxígeno para acelerarse en la atmósfera y así ahorrar peso. Pero los motores a reacción convencionales sólo pueden llegar a Mach 2. Para mayor velocidad se utilizan otros diseños que ahora están siendo desarrollados por los departamentos militares para ser usados en misiles. Uno curioso se basa en el sistema pulsante utilizado por las V1 alemanas de la segunda guerra mundial que al parecer alcanza rediseñado Mach 4. Pero los más prometedores son los scramjets, en los cuales el gas de entrada es comprimido por la propia geometría del sistema, que carece de turbinas o algo similar. Lo malo es que deben de alcanzar una velocidad de Mach 4 para empezar a funcionar, pero una vez encendidos son capaces de alcanzar altas velocidades. La marca actual la ostenta el X-43A de la NASA con una velocidad de Mach 9,68 (no muy lejos de los Mach 12 teóricos como máxima velocidad alcanzable con este tipo de dispositivos). De momento sólo se consigue esta velocidad durante unos segundos.


Varios países tienen programas de desarrollo de este tipo de motores y algunos parecen que están cerca de contar con misiles basados en esta tecnología. No es fácil desarrollar este tipo de motores y que funcionen durante largos periodos de tiempo, pues lo materiales sufren un increíble calentamiento debido a la fricción con la atmósfera y al aire entrante. Incluso en los primeros prototipos la combustión se daba a la salida de la cámara de combustión y no se producía empuje.

Un avión espacial usaría un tipo diferente de motor en cada franja de velocidad hasta finalmente alcanzar la órbita con motores cohetes químicos convencionales.
Otra propuesta diferente es la de Skylon y su motor Sabre, que de momento está sólo sobre el papel. En este caso una toma de aire comprime al aire atmosférico que alcanza los 1000 grados centígrados. Luego, gracias a un intercambiador de calor, se reduce su temperatura hasta los 100 grados bajo cero, entonces se mezcla con hidrógeno líquido para ser usado de manera convencional en un motor cohete. Este sistema trabajaría de 0 a Mach 5.5 hasta una altura de 26 km a partir de á cual funcionaria como un cohete convencional.
Quizás toda esta tecnología permita ir una día a Marte o a la Luna de manera económica, pero los turistas espaciales que orbiten alrededor de la Tierra sólo podrán seguir siendo multimillonarios por mucho tiempo.

miércoles 25 de noviembre de 2009

Científicos australianos inventan la manzana que 'nunca' envejece


El preciado fruto fue desarrollado en Australia donde durante más de 20 años unos científicos se empeñaron en dar vida ala 'mejor manzana del mundo'.

Finalmente dieron en el clavo y la manzana RS103-130 puede mantenerse fresca e intacta durante meses y meses sin tener que recurrir a modificaciones genéticas u otras 'estrategias'.

El secreto se encuentra en un gen que es capaz de repeler las enfermedades de un tipo de manzana asiática llamadas 'malus floribunda'.

La nueva manzana puede permanecer más de dos meses en un contenedor de fruta sin perder ni su consistencia ni su sabor.

martes 24 de noviembre de 2009

Encuentran el lugar más caliente del Universo


Trescientos millones de grados. Esa es la temperatura récord medida por el telescopio de rayos X con el que está equipado el satélite japonés Suzaku. Se trata de una nube de gas ardiente que rodea a todo un enjambre de galaxias (denominado RXJ1347), a cinco mil millones de años luz de distancia, en la constelación de Virgo. Esta es, por el momento, la mayor temperatura jamás medida por los astrónomos en todo el Universo.
Los investigadores han combinado sus resultados con las imágenes obtenidas de la misma región de espacio por el Telescopio Espacial Chandra, de la NASA, que también opera en la longitud de onda de los rayos X. Y han encontrado que el gas super caliente está en el interior de una zona de 450.000 años luz de tamaño que brilla de forma especialmente intensa.

Los astrónomos no saben la razón por la que este gas es varias veces más caliente que el medido antes alrededor de otras galaxias. De lo que no cabe duda es de que se trata del material más caliente enconrado hasta la fecha, y de la mayor temperatura conocida desde los lejanos tiempos del Big Bang, hace 13.700 de años.

Para hacerse una idea de lo que significan trescientos millones de grados baste con pensar que el núcleo fundido de la Tierra "sólo" está a unos 5.400 grados centígrados, y que las temperaturas en el corazón mismo del Sol no superan los quince millones de grados. La cuestión es averiguar qué es lo que está provocando un calentamiento de esta magnitud, lo que no resulta una tarea fácil.

Por el momento, la mejor explicación hallada para este extraordinario fenómeno es que en esa lejana región del Universo existen grupos de galaxias en plena colisión entre ellos. Y a una velocidad que es muy superior a la que se da en situaciones análogas observadas en otros lugares. En RXJ1347 las galaxias están chocando unas contra otras a una velocidad superior a los 4.000 km. por segundo, y esa podría ser la explicación más plausible para que se produzcan esas extraordinarias temperaturas.

"Es un acontecimiento terrible -afirma Naomi Ota, de la Universidad de Ciencias de Tokio-. Estas colisiones entre grupos de galaxias son, en términos de energía, los episodios más violentos del Universo desde los tiempos del Big Bang".

lunes 23 de noviembre de 2009

El Teorema del Perro Peludo

A menudo los científicos utilizan los ejemplos más extraños para explicarnos a los pobres mortales de a pie la forma en que funciona algún fenómeno natural. Uno de los ejemplos más interesantes es el denominado “Teorema del perro peludo”, que nos ayuda a comprender la forma en que se desarrollan los sistemas de vientos y tornados sobre el planeta, utilizando como analogía un perro peludo. ¿Sientes curiosidad? ¡Pues pasa y lee!


No debe ser tarea fácil para un científico intentar explicar a una persona no versada en ciencias la forma en que funciona el mundo. Sin utilizar complejas formulas matemáticas o aburridísimos teoremas resulta casi imposible demostrar cómo o pórque ocurren determinadas cosas. Pero algunos especialistas son extremadamente imaginativos, y encuentran siempre alguna analogía que les permita ilustrarnos sobre algún fenómeno sin que necesitemos previamente estudiar durante cinco o seis años física y matemática. Uno de los ejemplos más divertidos que hemos podido encontrar es el llamado “Teorema del perro peludo”. Veamos de que se trata.


Imagina que tienes un perro. No un perro cualquiera, sino uno de esos que tienen largos pelos cubriendo su cuerpecito. Seguramente, como eres una persona muy limpia y ordenada, intentas mantener al animal lo más limpio y prolijo posible. Es probable que lo bañes casi a diario, y que pases largas horas peinando su pelo. Estas actividades parecen absolutamente alejadas de la ciencia, pero un científico siempre es capaz de ver un paso más allá y encontrarle a cualquier cosa una aplicación interesante. Supongamos que tomamos al perro, lo atamos convenientemente (no queremos que a lo largo del experimento nos muerda), le cerramos de alguna manera sus fosas nasales, conductos auditivos, ojos, y cualquier otro (ejem) agujero que le encontremos. Cuando hayamos terminado, tendremos entre manos algo bastante parecido a una bola de pelos más o menos lisa (y bastante nerviosa).

Si fuésemos científicos consumados, veríamos que desde el punto de vista geométrico hemos convertido a una hermosa mascota en el equivalente topológico de una esfera. Cuando un científico dice “equivalente topológico” quiere decir algo como que si el perro fuese de masilla o de goma, podríamos deformarlo hasta convertirlo en una esfera sin necesidad de cortarlo, agujerearlo o dividirlo. Aclarado esto, volvamos a nuestro peludo amigo. Si tomamos un peine e intentamos peinarlo, veremos que por más que lo intentemos, jamás podremos emparejar todo el pelo sin que nos quede al menos un “remolino”. No importa cuántas veces lo intentemos ni lo nervioso que se ponga el perro: es imposible “peinar” una esfera sin que aparezcan sitios en los que existan remolinos. Ya puedes desatar al perro y destapar sus orificios. Es posible que quiera respirar.

Siempre en algún lugar del planeta habrá un ciclón o un tornado

Bien, acabamos de hacer un descubrimiento científico absolutamente trascendental y casi sin darnos cuenta. Si en lugar de un perro tienes un planeta, y en lugar de pelos tienes una atmósfera, puedes ver como siempre en algún lugar del planeta habrá un ciclón o un tornado. En efecto, y salvo que no haya absolutamente ningún viento agitando la atmósfera en algún sitio (hecho que es prácticamente imposible), el sistema de vientos creará en alguna parte -a menudo en muchas- colisiones que originaran remolinos. Estos remolinos podrán ser más o menos intensos según sean más o menos fuertes los vientos que los originan, pero estarán allí. Obviamente, hay otros factores que intervienen en la creación de tornados o ciclones, pero son bastante complicados y mucho menos entretenidos. Como puedes ver, hasta un simple perro puede ser útil para comprender la ciencia, solo es cuestión de imaginación.

viernes 20 de noviembre de 2009

Consumo responsable de cerveza disminuye el estrés

El consumo responsable y regular de cerveza disminuye el estrés y mejora la eficiencia del metabolismo ante dietas ricas en grasa, según un estudio sobre las propiedades saludables de esa bebida presentado hoy en Chile.

El estudio demuestra que ratones de laboratorio a los que se les suministra cerveza de forma proporcional al estándar internacional de "consumo responsable" que, según explicaron los investigadores, para una persona adulta es de dos latas ó 700 centímetros cúbicos diarios, se estresan menos y metabolizan mejor los carbohidratos.

La investigación, desarrollada entre agosto de 2008 y agosto de 2009, fue realizada en Santiago de Chile por el Instituto de Ciencias de la Facultad de Medicina Clínica Alemana-Universidad del Desarrollo, encabezada por su directora, Paulette Conget.

Para evaluar el efecto del estrés sobre los ratones, los investigadores administraron a un grupo de animales diez gotas diarias de cerveza (200 microlitros) durante tres meses y medio, mientras que a otro grupo se le mantuvo su dieta normal.

Al ser sometidos a un estrés controlado después de ese período de tiempo, los que habían consumido cerveza presentaron menores niveles de las moléculas marcadoras de estrés, como el cortisol y las catecolaminas, que aquellos que no la habían ingerido.

Según Conget, las diferencias observadas son estadísticamente significativas y los resultados son reproducibles, ya que al realizar experimentos independientes con distintas camadas de roedores se observaron los mismos efectos.

METABOLISMO

En tanto, para analizar el efecto sobre el metabolismo, algunos ratones fueron alimentados con una dieta normal (10% de calorías) y otros con una dieta rica en grasa (60% de calorías), y la mitad de los individuos de cada grupo recibió diez gotas diarias de cerveza.

Los ratones que consumieron la dieta rica en grasa y cerveza subieron menos de peso que aquellos que fueron sometidos a la misma dieta pero no ingirieron esa bebida alcohólica, pese a que el acceso al agua y a la comida era libre y su actividad física era la misma.

Así, los animales que consumen cerveza adquieren menos peso por cada caloría ingerida, lo que se asocia a una mejor "eficiencia metabólica" y a un aumento en la sensibilidad a la insulina en los roedores que consumen la bebida de forma responsable y regular.

En cambio, el consumo regular de cerveza, incluso durante diez meses, no alteró el peso de los animales que se alimentaron con la dieta normal.

Estos datos dan sustento a otros estudios internacionales realizados a partir de encuestas sobre hábitos de consumo y salud en la población.

"Esta investigación da un soporte científico a estudios poblacionales hechos en España, Alemania y EE.UU., donde se muestra que personas que han consumido en forma responsable cerveza desarrollan menos diabetes tipo 2 (caracterizada por una pérdida de la sensibilidad a la insulina)", explica Conget.

jueves 19 de noviembre de 2009

En busca del whisky perdido de la Antártida

Un equipo de arqueólogos neozelandeses buscará en la Antártida dos cajas de un tipo especial de whisky de malta escocés que ya no se fabrica enterrado desde hace un siglo bajo el hielo, informó la prensa local.

Los científicos, miembros de la Sociedad para la Conservación del Patrimonio Histórico de la Antártida de Nueva Zelanda, emplearán herramientas perforadoras especiales para taladrar el hielo sin dañar el tesoro alcohólico.

Se trata de dos cajas de whisky de la carísima marca MacKinlay & Co pertenecientes al explorador irlandés Ernest Shackleton, que entre 1907 y 1909 fracasó en varios intentos por ser el primero en llegar al Polo Sur.

En 2006, dos arqueólogos las descubrieron atrapadas en el hielo debajo de una tienda de campaña que construyó la expedición de Shackleton.

Cuando sean recuperadas, las cajas y las botellas serán trasladas a Nueva Zelanda, donde se les restaurará antes de volver a que vuelvan a ser depositadas en el campo de la Antártida en el mismo sitio en el que las dejaron los exploradores, como obliga el tratado de conservación histórica firmado por los doce países que co-admnistran el continente helado.

Reclamación por el botín

Sin embargo, la destilería escocesa Whyte & Mackay, que distribuye la marca McKinlay, reclaman su derecho a que les sea entregada una botella o al menos una muestra del whisky.

Incluso se plantean analizar su composición para intentar recrear la mezcla, mientras el líder de los arqueólogos, Al Fastier, afirma que no quiere probarlo.

La expedición de Shackleton se quedó sin provisiones cuando se hallaba a 160 kilómetros del Polo Sur, aunque algunos de sus hombres sí consiguieron llegar al punto magnético y llevaron a cabo importantes trabajos científicos.

El punto más meridional del planeta fue alcanzado por primera vez dos años más tarde, en 1911, por el noruego Roald Amundsen.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Un trozo de pan provoca un cortocircuito en la 'máquina del Big Bang'

La llamada 'máquina del Big Bang' ha sufrido un nuevo y desafortunado percance. Tras la avería que obligó a paralizar su funcionamiento, y los sucesivos problemas que han pospuesto su reinauguración, el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) acaba de padecer un insólito cortocircuito debido a un pedazo de pan que cayó sobre su transformador eléctrico.

Una portavoz del CERN, el organismo de investigación situado en Ginebra donde se ha construido el acelerador, ha explicado que el pasado martes "un trozo de pan, que creemos que transportaba un pájaro cayó sobre el aparato, provocando un cortocircuito.

Además, el incidente provocó un calentamiento de dos de sus sectores y una interrupción del sistema criogénico del acelerador de partículas, agregó la portavoz, quien destacó que los dos sectores afectados ya han sido enfriados hasta su temperatura operacional.

El incidente, sin embargo, no ha cambiado para nada los planes de poner en marcha de nuevo, hacia mediados de noviembre, el LHC, el mayor acelerador de partículas jamás construido, después de estar más de un año parado por la grave avería que ocurrió 10 días después de arrancar en septiembre de 2008.

Tras filtrarse el incidente del trozo de pan, con la consiguiente alarma por lo que parece una maldición para "el mayor experimento científico del siglo", el CERN ha querido minimizarlo y tomárselo con humor.

Por ello, en un breve comunicado emitido para dar cuenta de lo sucedido, y titulado 'Incidente Pan-Pájaro en el LHC', el CERN explica que "el pájaro salió ileso, aunque perdió su pan".

Según los planes actuales, y después de haber sido reparado durante 14 meses, el CERN tiene previsto volver a hacer circular por el túnel del acelerador el primer haz de partículas hacia mediados de noviembre y efectuar un primer periodo de colisiones a baja energía.

Tras unas cuatro semanas -aunque no se puede calcular exactamente el tiempo debido a la complejidad del proceso- los científicos planean llevar a cabo las primeras colisiones de partículas a alta velocidad, lo que se espera para mediados de diciembre o en enero.

martes 17 de noviembre de 2009

Las paradojas de Zenón

Zenón de Elea fue un filósofo griego que vivió unos 4 siglos antes de Cristo. Es conocido por sus paradojas, algunas de las cuales niegan la existencia del movimiento. Zenón intentó probar que el espacio no está formado por elementos discontinuos y, concretamente, que no existe el movimiento. La paradoja de Aquiles y la tortuga, o la paradoja de la flecha han llegado hasta nuestros días y siguen atormentando a los estudiantes de filosofía.


No es mucho lo que se sabe sobre la vida de Zenón de Elea, ya que se conservan muy pocos fragmentos y casi todos ellos son referencias indirectas de otros autores que mencionan hechos o situaciones que se le atribuyen. La fecha de su nacimiento tampoco es segura, pero se acepta que nació entre el año 490 y el 485 antes de Cristo. Los razonamientos de Zenón, que fue discípulo de Parménides y tuvo una formación pitagórica, constituyen el primer intento del pensamiento infinitesimal, que solo fue desarrollado en profundidad unos dos mil años después por Leibniz y Newton.

Las paradojas de Zenón son una serie de paradojas ideadas para demostrar que las sensaciones que obtenemos del mundo son ilusorias y no existe el movimiento. Zenón repetía a quien quisiese escucharlo que una persona no podía recorrer ninguna distancia en absoluto, aunque los sentidos mostrasen que tal cosa era posible. Sus ideas pertenecen a la categoría de paradojas falsídicas, también conocidas como sofismas. Esto significa que alcanzan un resultado que es falso, culpa de una falacia en el razonamiento, generalmente producto de la falta de conocimientos sobre el concepto de infinito en la época en la que fueron formuladas.


Aquiles y la tortuga

Aquiles y la tortuga es, quizás, la más conocidas de las paradojas de Zenón. El filósofo argumentaba que, en una hipotética carrera entre Aquiles (el guerrero que mató a Héctor) y una tortuga, si esta tenía última una ventaja inicial, el humano siempre perdería. Zenón “demostraba” que, a pesar de que el guerrero corre mucho más rápido que la tortuga, nunca podría alcanzarla. Imaginemos que la distancia a cubrir en la carrera son cien metros, y que la tortuga tiene cincuenta metros de ventaja. Al darse la orden de salida, Aquiles recorre en poco tiempo la distancia (cincuenta metros) que los separaba inicialmente. Pero, al llegar allí, descubre que la tortuga ya no está, sino que ha avanzado, mucho más lentamente, diez o veinte centímetros. Lejos de desanimarse, el guerrero sigue corriendo. Pero, al llegar de nuevo donde estaba la tortuga, ésta ha avanzado un poco más. Zenón sostiene que esta situación se repite indefinidamente, y que Aquiles jamás logrará alcanzar a la tortuga, que finalmente ganará la carrera.

Es bastante obvio que esto no es así, y es muy fácil comprobar en la práctica que dicho razonamiento es erróneo. Sin embargo, no es tan fácil encontrar donde está el fallo, y hubo que esperar hasta mediados del siglo XVII para que el matemático escocés James Gregory demostrara matemáticamente que una suma de infinitos términos puede tener un resultado finito. Los tiempos en los que Aquiles recorre la distancia que lo separa del punto anterior en el que se encontraba la tortuga son infinitos, pero cada vez más y más pequeños. La suma de todos estos tiempos, a pesar de su infinito número, da como resultado un lapso de tiempo finito, que es el momento en que Aquiles alcanzará a la tortuga.

Otra forma de encarar el problema es evitando el análisis infinitesimal utilizando el análisis discreto. Podemos pensar que Aquiles no recorre espacios infinitesimales, sino discretos, que podemos llamar “zancadas”. A cada zancada le corresponde una distancia concreta de, por ejemplo, un metro. De esa manera, el problema se reduce a calcular en qué momento la última zancada de Aquiles recorrerá una distancia mayor a la que haya podido recorrer la tortuga en el mismo tiempo. De esta forma se puede demostrar que, como hoy sabemos, el movimiento existe.

La paradoja de la flecha
Esta otra paradoja implica el lanzamiento de una flecha. Zenón afirmaba que, en cada instante, la flecha está en una posición del espacio determinada. Si el periodo de tiempo considerado es lo suficientemente pequeño, la flecha no alcanzará a moverse, por lo que está en el reposo durante ese instante. Ahora bien, el mismo razonamiento puede aplicarse a los restantes infinitos de periodos de tiempo, en los que la flecha también estará en reposo por el mismo motivo. De esta forma Zenón demostraba que el movimiento de una flecha es imposible, a pesar de que miles de viudas cuyos maridos habían muerto de un flechazo en el campo de batalla le insistieran con lo contrario.

La paradoja puede evitarse de varias maneras. Una de ellas es simplemente pensar que cada instante en que la flecha se percibe como “en reposo” es un algo relativo. No se puede juzgar, observando sólo una “foto” de un objeto si está o no en reposo. En lugar de ello, es necesario compararlo con los instantes adyacentes, previos y posteriores. Al ver la “película”, podemos determinar que la flecha está en distintas posiciones en cada instante, por lo que -efectivamente- se está moviendo. Otra solución es recurrir a la definición de velocidad, cuya esencia es el cambio. El movimiento es la sucesión de los distintos espacios ocupados por el cuerpo (la flecha), a lo largo de la sucesión de los distintos momentos que componen el total del tiempo considerado. Así, si asumimos que el concepto velocidad, es decir, movimiento, puede definirse racionalmente, simultáneamente estamos admitiendo que el movimiento, racionalmente, en teoría, existe.

XXV siglos más tarde, nos parece hasta ridículo lo que proponía Zenón. Sin embargo, si pensamos en el estado en que se encontraba la ciencia cuatro o cinco siglos antes de la era Cristiana, los razonamientos de este hombre cobran real magnitud. Debe haber sido sumamente difícil para Zenón reconciliar la (aparente) certeza detrás de sus razonamientos con las evidencias del mundo real, donde la tortuga era invariablemente la perdedora de la carrera, y las flechas llegaban a su blanco.

lunes 16 de noviembre de 2009

Paradoja de Teseo

Imagina que tienes un barco al que periódicamente debes ir cambiándole tablas viejas y gastadas por tablones nuevos, para mantenerlo en funcionamiento. Luego de varios años de uso ¿sigues teniendo el mismo barco, a pesar de haber reemplazado cada una de sus partes una a una? Esta pregunta se la hicieron los filósofos hace siglos, dando lugar a la Paradoja de Teseo. Se trata de un problema interesante, sobre todo cuando lo aplicamos a los seres vivos. Los humanos, por ejemplo, reemplazamos casi todas nuestras células cada diez años. Este proceso ¿nos convierte en personas nuevas?


Muchas de las cuestiones filosóficas más interesantes tienen miles de años de antigüedad. Los filósofos griegos, por ejemplo, se encargaron de enunciar paradojas que 20 o 25 siglos más tarde aún nos hacen dudar de nuestras convicciones. La Paradoja de Teseo es una de ellas. Existe una leyenda griega, recogida por Plutarco, en la que puede leerse:

El barco en el cual volvieron desde Creta Teseo y los jóvenes de Atenas tenía treinta remos, y los atenienses lo conservaban desde la época de Demetrio de Falero, ya que retiraban las tablas estropeadas y las reemplazaban por unas nuevas y más resistentes, de modo que este barco se había convertido en un ejemplo entre los filósofos sobre la identidad de las cosas que crecen; un grupo defendía que el barco continuaba siendo el mismo, mientras el otro aseguraba que no lo era.

Dicho con otras palabras: ¿estamos en presencia del mismo barco si se han reemplazado cada una de sus partes una a una? Puede que la respuesta al enigma se esconda detrás de la definición que adoptemos para “lo mismo”. A veces consideramos que las cosas pueden ser cualitativamente iguales solo por el hecho de tener las mismas propiedades, y otras que son numéricamente las mismas por el hecho de ser de una clase. Por ejemplo, imagina que tienes dos esferas que se ven idénticas. Puedes considerar que son cualitativamente (aunque no numéricamente) la misma. Si pintas una de ellas de un color diferente, está seria siendo numéricamente la misma que antes, pero ya no sería cualitativamente igual a su pareja.

Con ese argumento, el barco de Teseo es cualitativamente (pero no numéricamente) diferente en el momento en que uno comienza con las refacciones. El problema es que si construimos nuestra propia definición de identidad y la hacemos lo suficientemente amplia, la identidad cualitativa colapsa en la identidad numérica. Si una de las cualidades relevantes de las esferas del ejemplo fuese su ubicación espacio-temporal, entonces no existirán dos que -encontrándose en diferentes lugares y tiempos- puedan ser alguna vez cualitativamente idénticas. Esta racionalización no hace, por supuesto, que uno deje de pensar sobre en que momento el barco de Teseo deja de ser “el barco de Teseo” para convertirse en su reemplazo. Pero hay una vuelta de tuerca más para esta cuestión.

Imaginemos que durante las reparaciones efectuadas al navío original, los obreros encargados de la tarea van guardando cada una de las piezas viejas que quitan del barco. Luego de un tiempo más o menos largo, todo habrá sido reemplazado y sus dueños (y nosotros) se preguntarán si es o no el mismo barco. Pero ¿que pasaría si los operarios utilizasen las tablas viejas para construir nuevamente el barco? ¿Seria el barco así construido el “barco de Teseo”? Puede que haya argumentos válidos para considerar que uno, otro ambos o ninguno son el barco “original”. Hay planteos de este tipo que son bastante más mundanos que el problema del barco. El famoso pensador inglés, considerado como el padre del empirismo y del liberalismo moderno, John Locke, se preguntaba si a un calcetín que le ha salido un agujero le demostramos nuestro afecto remendándolo sigue siendo el mismo después de dicha operación. Casi todo el mundo responderá que si, que efectivamente se trata del mismo calcetín de siempre, aunque remendando. Si le vuelve a salir otro agujero y lo volvemos a remendar, lógicamente el calcetín seguirá siendo el mismo, y si seguimos con esta tarea cada vez que el calcetín nos vuelva a enseñar sus tripas, tarde o temprano tendremos uno que no mantenga nada de su material original. ¿Sigue el calcetín siendo el mismo? ¿En qué momento deja el calcetín de ser el original?

En una forma más general, la cuestión parece ser si a un objeto se le reemplazan todas sus partes ¿sigue siendo el mismo? Salvando las distancias -temporales y de las otras- que lo separan de los pensadores griegos, podemos utilizar un pasaje de un libro de Deepak Chopra para ver la trascendencia que puede tener una cuestión aparentemente trivial como la Paradoja de Teseo:

Con cada respiración inhalamos miles de millones de átomos que a la postre terminan como células del corazón, células de los riñones, células del cerebro y así sucesivamente. Con cada respiración exhalamos fragmentos y pedazos de nuestros tejidos y órganos, y los intercambiamos con la atmósfera de este planeta. Los estudios del isótopo radiactivo muestran que el cuerpo reemplaza el 98 por 100 de todos sus átomos en menos de un año. El cuerpo hace un nuevo recubrimiento del estómago cada cinco días, una nueva piel una vez al mes, un nuevo hígado cada seis semanas, y un nuevo esqueleto cada tres meses. Incluso nuestro ADN, el material genético que mantiene memorias de miles de millones de años de evolución, no es el mismo que teníamos hace seis semanas. De manera que si piensas que eres tu cuerpo físico, ¿de qué cuerpo estás hablando? El cuerpo que tienes hoy no es el mismo que tenías hace tres meses.

La discusión está servida. La persona que está escribiendo este texto no es (o al menos, no lo es su cuerpo) la misma que hace 35 años aprendía a andar en bicicleta en una granja. Y esa tampoco fue la misma que 15 años más tarde pasaría las tardes sentada frente a un Commodore 64. Sin embargo, todos mis amigos siguen reconociéndome como el mismo (aunque mas gordo y con menos pelo). En algún momento del futuro, quizás dentro de este mismo siglo, encontremos la forma de reemplazar cada parte de nuestro cuerpo, o incluso de transferir nuestra mente a un ordenador. ¿Seremos verdaderamente inmortales, o simplemente un grupo de asesinos que “mata” una versión de si mismos para reencarnarse en otra? De alguna manera, la “suave transición” que implicaría reemplazar cada una de nuestras células por una nueva, mediante un proceso que demande varios meses, no parece plantear problemas de si seguimos o no siendo la misma persona. Pero si ese proceso se realizase en un instante muy pequeño, muchos pensaríamos que hemos sido cambiados.

Como todas las paradojas, la del Barco de Teseo nos pone a pensar. Extrañamente, una cuestión planteada hace siglos podría tener en el futuro una gran importancia. Si un millonario del sigo XXII a los 100 años se somete a una terapia de reemplazo celular que le proporciona un nuevo cuerpo sano y rozagante ¿sus herederos tendrán motivos para afirmar que su pariente ha muerto y reclamar ya mismo sus bienes? ¿O sigue siendo el mismo, y tiene derecho a gozar de la vida con su fortuna y cuerpo nuevo? Seguramente las leyes irán cambiando con el tiempo para contemplar estas cuestiones, pero sin duda nos esperan debates interesantes. Y tú ¿que opinas?