jueves, 3 de diciembre de 2009

¿De dónde sale el talento de los futbolistas brasileños?


¿Por qué Brasil es una cantera de estrellas del balón? Hasta ahora muchos recurrían a la genética para, por ejemplo, explicar el «jogo bonito» de los brasileños, pero los científicos han descubierto que la clave del talento está en la mielina, una proteína del sistema nervioso que aumenta con la práctica.
«No se nace con genes mágicos», afirma Dan Coyle, autor de «Las claves del talento» (Zenith), un libro que reúne algunas investigaciones sobre el papel de la mielina, una lipoproteína que recubre en forma de vaina los nervios y permite la transmisión de impulsos entre ellos.
Hasta ahora los expertos habían estudiado la pérdida de mielina como responsable de graves enfermedades del sistema nervioso como la esclerosis múltiple o lateral pero no habían relacionado su desarrollo con el talento.
La mielina rodea los nervios como «si se tratara de un aislamiento de goma que envolviese un alambre de cobre» con el objetivo de que la señal sea más veloz y fuerte e impida que se escapen los impulsos nerviosos. La práctica intensa de una habilidad, según Coyle, añade nuevas capas de mielina, por lo que las acciones y los pensamientos se vuelven más «veloces y precisos».

«Semilleros de talento»

Coyle, que ha viajado alrededor del mundo en busca de los «semilleros de talento», descubrió en Brasil que el éxito de sus jugadores de fútbol no se debía a que «lo practicaran en la playa o a la bondad de su clima» sino a las horas que dedican al entrenamiento y, sobretodo, a las repeticiones con las que liman los errores.
Brunio -cuenta Coyle- tiene once años y trata de aprender el «elástico», una nueva maniobra de dominio del balón que se le resiste hasta que, después de repetir el movimiento más lentamente y dividirlo en partes, lo consigue.
En Brasil, el escritor estadounidense constató que, aunque, por ejemplo, en las favelas la pasión por el deporte ayuda a desarrollar estas habilidades, la clave está en el fútbol sala, una incubadora en la que el balón, más pequeño y pesado, y el menor espacio aumentan un 600 por cien los toques del balón y aceleran el proceso de la mielina.
Coyle también encontró otros ejemplos en su periplo: el éxito de un club de tenis ruso que pese a sus precarias instalaciones forma a más jugadoras de máximo nivel que todo Estados Unidos o la rara coincidencia de las hermanas Charlotte, Emily y Anne Brontë, tres escritoras de talla internacional que crecieron en un pueblecito al norte de Inglaterra.
Sus escritos infantiles eran «burdas imitaciones de artículos de revistas y libros de la época» pero fueron una «práctica intensa» que culminó con novelas clásicas y «sorprendentes» como «Cumbres borrascosas» o «Jane Eyre».

Amor irracional y atención a los errores

Envolver con mielina los nervios requiere gran cantidad de tiempo y energía, por lo que aunque «no podamos ser Miguel Ángel o Messi» y durante la infancia se desarrolle de un modo más rápido, «todos podemos mejorar aquellas habilidades que nos apasionan».
«Se necesita amor irracional hacia una actividad para ser capaz de trabajar duro», añade Coyle, quien aconseja para incrementar la mielina dedicar tiempo a observar la habilidad, descomponerla y reducir su velocidad para facilitar su aprendizaje, y repetirla «siempre prestando atención a los errores». Además de la práctica intensa, se requiere motivación y un «maestro instructor», que enseñe «el amor hacia lo que se hace», apunta Coyle.
Según este autor, España «es un lugar con muchos talentos en el arte, los negocios o el deporte», un «renacimiento del talento español» que alcanza incluso los fogones, concluye.