viernes, 5 de diciembre de 2008

Eco-imperialismo: Poder verde, peste negra

El tema del calentamiento global y la sistemática destrucción del medio ambiente por parte de los seres humanos es un problema declarado y ya sabido por todos, aún así hay discusiones pendientes; diversos sectores, económicos y políticos, ven con recelo lo que esta efervescencia pro-planeta puede hacer con sus intereses.

Muchos no se convencen del real alcance de este problema y otros afirman abiertamente que el calentamiento global no se debe a una influencia antropogénica (o por culpa del hombre), este último punto es blanco de acalorados debates.

Respecto a esto, recientemente me tope con este libro, y de ahí a un sin numero de instituciones (como el cato institute) que se oponían a los esfuerzos discutidos y llevados a cabo por medioambientalistas y ONGs para reducir el impacto negativo del hombre al medioambiente, ya que simplemente no reconocían que el hombre tuviese la responsabilidad de esto.

Intentare bosquejar un poco algunos capitulos de lo que el autor expone, para, espero, generar una discusión con respecto a esta particular forma de ver el problema.

Paul k. Driessen
“Eco-imperialismo. Poder verde peste negra”

En este libro Paul K. Driessen critica a los nuevos movimientos pro-medioambiente y sus políticas económicas de desarrollo sostenible y la responsabilidad corporativa con y para las personas y el medio ambiente, hoy de moda por el cambio climático y los apasionados pero desesperados intentos de activistas y ONGs para paliar el impacto del ser humano industrializado e inconsciente al medio ambiente.

El Eco-imperialismo, termino para doctrinas de adinerados activistas provenientes de países del primer mundo y ONGs, que intentan incentivar un desarrollo sustentable para el planeta, un incentivo que para este autor es más un intento de imponer políticas restrictivas de desarrollo económico, donde los mayores perjudicados son el tercer mundo. De ahí el termino eco-imperialismo, medioambientalistas que intentan imponer su visión del mundo a los países pobres.

Es este el principal argumento de Driessen; estos impositivos intentos de frenar el impacto del ser humano al medio ambiente, tienen su principal repercusión en países pobres o en vías de desarrollo, a los cuales se les están negando oportunidades de desarrollo económico que mejorarían la calidad de vida de estas personas, por ser perjudiciales para el medio ambiente. Países que tienen altos índices de pobreza, hambruna, enfermedades, analfabetismo, entre otras, se les dice que adapten sus industrias y modos de producción energética de manera que sean sustentables, cuando sus mayores problemas y preocupaciones son con la gente.

Un ejemplo es la paralización de un proyecto hidroeléctrico en la India, luego que eco-activistas presionaran a las agencias de crédito internacionales para que retiraran la financiación, ya que aniquilaría a animales del rio y sumergiría a pueblos tribales del lugar. Pero que por otro lado bridaría luz eléctrica a 5.000 villas; energía renovable de bajo costo para industrias y plantas de tratamiento de aguas negras; irrigación para las cosechas; y agua potable para 35 millones de personas.

Con respecto a la ética y responsabilidad corporativa, común reclamo de activistas en miras a empresas más comprometidas con su entorno social y ambiental. Driessen reclama que estos mismos principios deberían ser aplicados a las ONGs. Al componer éstas sus agendas las tildan bajo el manto de “interés público” o “responsabilidad social”, aunque sin fines de lucro, están sujetas al mismo estándar ético que las compañías con fines de lucro.

“Hace mucho que se les ha agotado el tiempo a las ONGs, grupos de interés y burócratas gubernamentales para empezar a cumplimentar todo aquello que les exigen a las empresas: adopción de estándares éticos, penalizaciones internas y respeto de las leyes y regulaciones que
aplican las mismas reglas éticas y estándares que ellos mismos exigen a Wall Street, empresas y asociaciones profesionales y demás corporaciones con fines de lucro.”

Al respecto de activistas y ONGs dice: “son ellos quienes proclaman e implementan los criterios por los cuales las empresas deben ser juzgadas, deciden cuáles metas de la sociedad son importantes, determinan si estas se están alcanzando o no, e insisten en que se relegue a un status inferior a todas aquellas necesidades, puntos de vista y preocupaciones que los contradigan. Al hacer esto buscan imponer su visión del mundo y cambiar a la sociedad a su manera, cosa que no han podido lograr a través del voto popular o por medio de decisiones legislativas o judiciales.”

Sostiene que el movimiento medioambientalista "ha utilizado repetidamente la supuesta amenaza de una catástrofe ecológica—como el calentamiento global—para imponer sus deseos sobre la gente que necesita energía y progreso de manera más desesperada".

Las ONGs y activistas sostienen esto partiendo de la equivocada base de que los recursos energéticos y minerales son finitos y se agotan rápidamente y que las corporaciones multinacionales que las llevan a cabo agotan los recursos naturales, degradan el medio ambiente y deterioran la salud humana; un inminente desastre para el planeta. (Como si no fuese cierto)

1 comentario:

Moisés Márquez dijo...

Mira, con lo de la India no estoy totalmente de acuerdo (con la paralización).

Pero es que es de género tonto el resto. Aunque no fuese problema del hombre (que sí creo que lo sea) ¿ no sería igualmente urgente buscar soluciones ?

Pero es el dinero el que manda en muchos ámbitos. Y si ven que les quieren cerrar un poco el grifo en vez de abrírselo más se ponen en contra.

Un problema muy difícil de resolver.