martes, 9 de marzo de 2010

Nuevas evidencias sobre la eficacia de los placebos

Los investigadores han encontrado que el demonizado efecto placebo merece un enorme respeto. De hecho, hay más de un tipo de efecto placebo, muchos de los cuales son poco conocidos y usados.

“Muchas personas aún piensan en el placebo como un efecto que ocurre en algunas personas cuando reciben un
tratamiento falso o una imitación, normalmente cuando se estudia la efectividad de un nuevo tratamiento. Pero hemos hecho que esto sea cosa del pasado”, dice Damien Finnis del Instituto de Gestión e Investigación del dolor de la Universidad de Sydney (PMRI) y del Hospital Royal North Shore, que lidera al equipo de expertos internacionales en un estudio recientemente publicado en la prestigiosa revista The Lancet (viernes, 19 de febrero).

“Esta nueva investigación demuestra que los efectos placebo pueden tener lugar junto con cualquier forma de tratamiento, cuando la mente y el cerebro trabajan juntos para promover los mecanismos naturales de curación del cuerpo”.

El proyecto de investigación reunió artículos científicos de todo el mundo sobre investigación en los efectos placebo y estudió qué impacto tienen sobre los pacientes.

“No necesitas una píldora de azúcar para crear un efecto placebo. Nuestra investigación revela que los efectos placebo pueden ocurrir en la práctica médica rutinaria a través un amplio rango de enfermedades médicas – y estos efectos pueden ser terapéuticamente poderosos. Evidentemente hay mucho más en los placebos de lo que previamente habíamos pensado”.

Los efectos del placebo son muchos, varían desde la reducción del dolor persistente a la mejoría de los movimientos en los pacientes con enfermedad de Parkinson. El efecto placebo pueden hacer que los tratamientos rutinarios sean más efectivos, y todos podemos responder al mismo.

“Esencialmente, el efecto placebo cambia la forma en la que trabajan nuestro cerebro y cuerpo, complementando los tratamientos médicos u otras terapias, lo que a menudo conduce a una reducción de los síntomas”.

“El componente de placebo de cada terapia no debería pasarse por alto. Tienen el potencial para hacer que un tratamiento médico rutinario sea más efectivo”, dice Finniss.

La siguiente tarea para los investigadores es entender mejor los muchos factores que conducen a los efectos placebo e intentar aprovecharse de ellos en la práctica rutinaria.

“Lo que sabemos es que los efectos placebo se ven influidos por el contexto o en el entorno del tratamiento – por ejemplo, parecen contribuir las expectativas y creencias del paciente respecto a la terapia, experiencias pasadas y muchos factores en la relación médico-paciente. Sólo necesitamos aprender a definirlos y maximizarlos”.

El concepto tiene implicaciones positivas para uno de cada cinco australianos que sufren de dolores persistentes. El destacado mundialmente Instituto de Gestión e Investigación del dolor de la Universidad de Sydney y el Hospital Royal North Shore están en la vanguardia de la investigación de los procesos de la enfermedad implicados en el dolor persistente y están investigando un variedad de estrategias de tratamiento para la gestión del dolor.

“Comprendiendo cómo trabaja el placebo tenemos la posibilidad de mejorar el entendimiento de la fisiología y la psicología de la interacción entre la mente, el cerebro y el cuerpo y cómo podría aprovecharse esto para ayudar a los que sufren dolor o de otras enfermedades médicas”, dice el internacionalmente renombrado especialista en dolor, Profesor Michael Cousins, a la cabeza del PMRI.

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