jueves, 16 de abril de 2009

Hielo que arde como fuente de energía

Hay un tipo de hielo que se quema y produce energía; un hielo que no se compone de agua y que se encuentra por doquier, sobre todo en el fondo de los mares. Hablo de los hidratos de metano, vale decir, de gas congelado. Para los expertos reunidos en la cita anual de la Sociedad Americana de Química en Salt Lake City (EEUU), este hidrocarburo más "limpio" será estratégico en la transición hacia un modelo energético más sostenible.

La curiosa sustancia con la textura de un sorbete se halla bajo el lecho marino dentro de celdillas de hielo llamadas "clatratos". Surge del contacto del agua con el metano originado de la descomposición orgánica, a temperaturas muy bajas y presiones muy altas (condiciones habituales en las honduras oceánicas y el subsuelo ártico). Y si se le acerca una cerilla encendida, prende en llamas.

En ocasiones, puede liberarse de su trampa subterránea y subir a la superficie. Se especula que la desaparición inexplicable de algunos barcos podría deberse a la irrupción fulminante de enormes burbujas de metano (especialmente en el Triángulo de la Bermudas, cuyos fondos se sospechan que encierran vastas cantidades de gas helado).

Los investigadores no cesan de descubrir hidratos de gas en distintas partes del mundo: Estados Unidos, India, Japón… y en aguas españolas. Prácticamente no hay plataforma continental sin vastos depósitos. Solo los hidratos encerrados en el permafrost de Alaska garantizarían la calefacción de 100 millones de hogares durante una década, anunció en 'Salt Lake City' el geólogo Tim Collet, del 'U.S. Geological Survey'. Se calcula que los hidratos de todo el mundo equivalen a 72 veces las reservas convencionales de gas natural, o sea el doble de las reservas de gas, petróleo y carbón juntas.

Aunque al hielo que arde se le conoce desde principios del siglo XIX, no fue hasta 1982 cuando una expedición científica logró extraer una cuantiosa muestra de hidratos de gas cerca de las costas de Guatemala. La proeza supuso la señal de largada para un programa de I+D centrado en lo que se perfilaba como una nueva fuente de energía.

Japón ya ha puesto manos a la obra. Un programa de perforación nipón se llevará a cabo en aguas del Océano Pacífico, entre 2012 y 2014. Su objetivo: demostrar la viabilidad comercial de su extracción a gran escala y evaluar su impacto ambiental.

Primera cuestión clave: determinar cuánto metano aprovechable puede sacarse de esos depósitos (el gas constituye el 15% de los hidratos). Una técnica prometedora pasa por despresurizar los depositos; otra, por intercambiar con CO2 las moléculas de metano insertas en los clatratos. El gas así obtenido se podría extraer con la tecnología empleada en perforar pozos petrolíferos, señala el geólogo estadounidense Ray Boswell.

Segunda cuestión clave: el aspecto ambiental. El metano tiene un Efecto Invernadero 21 veces más potente que el CO2. No sería saludable que en el proceso extractivo se alterasen los equilibrios del zócalo océanico, provocando una disminución de la presión que culminase en una liberación masiva de gas.

Los defensores de su explotación afirman que se trata de hidrocarburos más limpios que el metano procedente de los yacimientos petroleros, cargado de azufre y otros gases contaminantes. Y añaden que ya se dispone de la tecnología para quitar el carbono del gas y producir hidrógeno, que se quema sin emitir nada de CO2.