viernes, 7 de marzo de 2014

Astrónomos observan la misteriosa y nunca antes vista desintegración de un asteroide


Esta serie de imágenes del telescopio espacial Hubble revela la desintegración de un asteroide durante un período de varios meses a finales de 2013

Un equipo de astrónomos ha sido testigo por primera vez de la desintegración de una roca en el cinturón de asteroides. La roca, observada por el telescopio espacial Hubble de la NASA, se rompió en un máximo de diez piezas más pequeñas durante un período de varios meses a finales de 2013. El descubrimiento se ha publicado en la revista especializada Astrophysical Journal Letters .

Los científicos han visto muchas veces cómo los frágiles núcleos de los cometas se desmoronan al acercarse al Sol, pero nada parecido a esta ruptura se había observado antes en el cinturón de asteroides. «Ver cómo esta roca se desmorona ante nuestros ojos es bastante asombroso», afirma David Jewitt, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles (EE.UU.) y responsable de la investigación.

El 15 de septiembre de 2013, los telescopios Catalina y Pan-STARRS se fijaron en que el asteroide, designado P/2013 R3, parecía anómalo y borroso. Una observación de seguimiento realizada el 1 de octubre por el telescopio Keck en Mauna Kea reveló tres cuerpos móviles integrados en un envoltorio de polvo que era casi del diámetro de la Tierra.

Con su resolución superior, el telescopio Hubble reveló que había realmente 10 objetos incrustados, cada una con colas de polvo como las de un cometa. Los cuatro fragmentos rocosos más grandes tienen un radio de hasta 182 metros, alrededor de dos veces la longitud de un campo de fútbol.

Se alejan despacio

Los datos del Hubble mostraron que los fragmentos se están alejando unos de otros a un ritmo pausado de 1,6 km/h, más lento que la caminata de un ser humano. El asteroide comenzó a despedazarse el pasado año, pero nuevas piezas siguen apareciendo en las imágenes más recientes.

Esto hace que sea poco probable que el asteroide se esté desintegrando a causa de una colisión con otro asteroide, que sería instantánea y violenta. También sería de esperar que algunos de los escombros salieran despedidos a una velocidad mucho más rápida que la observada.

Los científicos tampoco creen que el asteroide se haya desintegrado debido a la presión de los hielos interiores en un proceso de calentamiento y evaporación. El asteroide es demasiado frío para sublimarse de manera significativa, y es de suponer que ha mantenido su distancia de cerca de 482 millones de km del Sol durante gran parte de la edad del Sistema Solar.

Efecto de la luz solar

Entonces, ¿qué ha provocado la desintegración? Los investigadores creen que puede deberse a un sutil efecto de la luz solar, lo que hace que la velocidad de rotación aumente lentamente. Con el tiempo, sus piezas componentes, como las uvas en un racimo, tiran suavemente debido a la fuerza centrífuga. Es lo que se conoce como «efecto YORP», discutida por los científicos desde hace varios años pero que hasta ahora nunca había sido observada de manera fiable.

Para que esto suceda, la roca debe tener el interior fracturado, probablemente como resultado de numerosas colisiones antiguas pero no destructivas con otros asteroides. La mayoría de los asteroides pequeños, de hecho, pueden haber sido severamente dañados de esta manera, dándoles una estructura interna parecida a un «montón de escombros». El mismo P/2013 R3 es probablemente el producto de la destrucción de un cuerpo más grande ocurrida en algún momento en los últimos mil millones de años.

Con el reciente descubrimiento del Hubble de un asteroide activo con seis colas ( P/2013 P5), los astrónomos tienen cada vez más evidencias de que la presión de la luz solar puede ser la fuerza principal que desintegre asteroides pequeños (menos de kilómetro y medio de anchura) en el Sistema Solar.

Jewitt cree que el material remanente del asteroide, con un peso de 200.000 toneladas, puede en el futuro convertirse en una rica fuente de meteoros. La mayoría se sumergerá en el Sol, pero una pequeña fracción de los escombros puede un día entrar en la atmósfera de la Tierra para arder en el cielo en forma de meteoros.